Alberto Salcedo Ramos y Perla Toro Castaño / Fotos: Comfacesar

  Por : Samny Sarabia

Indistintamente de la extensión, la temática o el formato en el que sea presentada ante la audiencia, el deseo de contar historias desde el periodismo obedece a un instinto, a una pasión y a un gusto enorme: el de informar, pero también de propiciar unas formas narrativas.

Esto fue el gran tema tratado en el conversatorio ‘De la crónica periodística al periodismo digital’, desarrollado en Valledupar. Dicho encuentro, propiciado por la Caja de Compensación Familiar del Cesar, Comfacesar para resaltar la labor de los comunicadores, tuvo como invitados especiales a Alberto Salcedo Ramos y Perla Toro Castaño, dos grandes periodistas; el primero, un maestro de la crónica destacado por narrar -como pocos- los temas de la cultura popular colombiana, y la segunda, una activista digital que tiene a su cargo la Escuela de periodismo multimedia del periódico El Tiempo y que ha dedicado gran parte de su trabajo a educar a las audiencias y a sus colegas en el buen uso de las herramientas digitales que ofrece internet para desarrollar el trabajo periodístico.

El tiempo pasa y con él van cambiando las formas de consumo, incluido el de la información. La crónica, por ejemplo, es un género periodístico que demanda un esfuerzo tal en su construcción y en su proceso; muy difícilmente un periodista puede escribir una buena crónica diaria.  Afirma Salcedo Ramos que es un género que ha tenido momentos de ovación y momentos de destierro. Hace diez años la crónica estaba en su época de esplendor, hoy, debido a las nuevas dinámicas comunicacionales otorgadas por internet, el rey absoluto en la prensa mundial es el periodismo de datos.

Sin embargo, ambos periodistas coinciden en afirmar que todo (incluidas las personas) es materia de olvido; por lo tanto, la palabra empleada de manera tradicional o moderna es una forma de resistencia y de hacer memoria y, que las buenas narraciones nunca pasarán de moda porque siempre habrá alguien que necesite contar una historia y siempre habrá alguien que necesite oírla, leerla o verla.

Aprovechando esas otras formas de narrar, el periodista tiene el reto de meterse dentro de ese mundo digital con contenido de calidad para enseñar a su audiencia a ver el mundo de esa otra manera y en tiempo real; haciendo visible aquello que se ha tornado invisible, encontrando tantas verdades dignas de ser compartidas, contribuyendo a que la sociedad conozca su propia historia e inmortalizando  ciertas palabras para hacerle honor a gente que merece ser recordada; recurriendo al lenguaje como herramienta básica del periodismo y la realidad como principio.

El mundo interconectado por el que hoy el hombre se mueve, está lleno de encantos y desencantos que extendieron las experiencias narrativas. En los últimos años han irrumpido nuevas clases de vivencias que han roto las formas hegemónicas de la información en manos de los medios de comunicación. Ahora todo es compartido de manera inmediata pero en esa misma medida también se crearon algunas formas de invisibilización; es decir, si el individuo no está conectado pasa a ser parte de un público discriminado y así se resignificaron otras formas de violencia. Eso es una realidad.

En la actualidad las audiencias son más emocionales o, al menos, las formas de expresar sus opiniones y los canales son más diversas y visibles; es por ello que la urgencia que exigen estos nuevos medios no debe estar por encima de la dignidad de la gente, de la pasión de contar una historia, del compromiso con la memoria y de las voces de las personas que padecen esas noticias que se dan  a la carrera sin buscar las repercusiones profundas que esas noticias tienen.

El periodista debe bajarse del pedestal en el que ha estado o ha creído estar porque hoy tiene personas al frente que regulan más su trabajo y que en ocasiones, demuestran que lo están haciendo con más compromiso que él. Así, el cronista debe tener la capacidad de unir las piezas dispersas del rompecabezas para reconstruir una historia que logre transformar a quien la recibe y que sea inmune al tiempo.

 

 Por: Samny Sarabia

@SarabiaSamn