Por: Nibaldo Bustamante

Su mirada se pierde mientras escucha las conversaciones de sus amigos; cierra los ojos lentamente como amortiguando el sueño que lo quiere vencer y no precisamente a punta de versos.

No puede cantar, pero sus dedos gruesos los deja correr y sonar en una mesa para acompañar la música mientras escucha una de sus composiciones jocosas a ritmo de puya. Andrés Beleño habla con los ojos. Mira fijamente a quien lo entrevista, quiere responder, pero su semblante inmóvil perpleja su habla.

El hombre dicharachero, chocarrero y amigo de sus amigos permanece atacado a una circunstancia que precisamente lo aísla de su entorno. El hombre de piquería, acostumbrado a las grandes batallas en tarima, se aferra a su estado de salud. No puede hablar, mientras su brazo derecho no tiene la misma fuerza.

En su casa, en el barrio Los Caciques de Valledupar, todo el mundo llega a preguntar por su salud. Le hablan al oído, mientras su cuerpo se envuelve en abrazos. “Dios es grande, nunca te va a desamparar”, dijo uno de los centenares de amigos.

Su recuperación

Sus versos tendrán que esperar. Andrés Beleño es sometido a un proceso de terapias físicas y de lenguaje para tratar de devolverle su expresión oral. El habla temporalmente se fue del hombre chiriguanero de 69 años. Su físico está desmejorado producto de una isquemia cerebral que sufrió el pasado 5 de abril, mientras se encontraba sentado debajo de un árbol cercano a su residencia. Parecía el fin de una leyenda que a punta de versos se convirtió en un ícono de este este arte.

“Lo vi luchando contra la muerte, los ojos se le voltearon, estaba pálido, fueron momentos de angustia porque el azúcar le llegó a 400, las manos se le tornaron tiesas y frías. Afortunadamente el 27 de abril le dieron de alta”, recordó Nelsy Mendoza, esposa del primer rey de la piqueria del Festival de la Leyenda Vallenata.

Mientras sonaban los acordeones en la Plaza ‘Alfonso López’ y las grandes batallas de versos y décimas se escenificaban en la Feria Ganadera, Andrés Beleño libraba una lucha frontal con su destino y no precisamente en una tarima de piqueria, pero las ganas de vivir vencieron a la muerte que por ahora tendrá que esperar.

Escuchaba por radio y veía por Telecaribe el concurso de piquería, por momentos lo agobiaba un mar de angustia y nostalgia por querer estar ahí viendo de cerca a los verseadores.

“Cuando alguien se equivocaba movía la cabeza de manera horizontal y con la boca hacía una señal como desaprobando la incoherencia de algún verso; cuando alguien lo hacía bien movía la cabeza de forma vertical y trataba de sonreír en señal de aprobación”, recordó la esposa del compositor de ‘La batea’, éxito en la voz de Jorge Oñate.

Mientras transcurre la tertulia, Andrés Beleño vuelve a cerrar sus ojos. El cansancio es latente y el sueño revierte, volvió a quedarse dormido sentado en una butaca de aquellas que son comunes en su natal Chiriguaná. “Él tiene el sueño invertido y por las noches no duerme, pero ese es el resultado del tratamiento”, aseguró su compañera fiel.

La primera corona del festival está en sus manos después de aquella batalla campal de versos con Rubén Toncel y Guillermo ‘El Monito’ Arzuaga, quienes a la postre quedaron relegados ante la superioridad de Beleño en la mítica plaza Alfonso López.

Andrés Beleño es un defensor de su arte, por eso siempre ha pedido a gritos escuelas de piqueria. “Este es el único concurso que a cualquier hora saca gente a la plaza, puede haber calor o sed, pero al salir la primera pareja, la gente sale a aplaudir o a silbar, si el verso es bueno, aplaude, pero si es malo, silba”.

Y su petición tuvo eco entre sus colegas porque en Barrancabermeja y Valledupar fueron creadas las escuelas del repentismo con Andrés Barros y José Félix Ariza, incluso este año nació el concurso de piqueria infantil que precisamente fue ganado por Julio Gil Barros, oriundo de la población santandereana.

Su talento

Andrés Beleño fue dotado de un talento sin igual, canta, versea y toca guacharaca. Es considerado como uno de los mejores verseadores de la región, ha participado en innumerable concursos, aseguró una vez que con ese talento se nace. Según Beleño, la piqueria requiere de un toque especial, de una ‘pimientica’ y de mucha agilidad mental.

Andrés Beleño es consciente de lo que le ha dado al folclor vallenato, pero asegura que la gente es inconsciente de ello. Su agilidad en la riña de versos, en la composición y su trayectoria en el folclor le han permitido ser exaltado en muchos festivales.

Por ahora sus versos están intactos y guardados para cuando Dios le permita volver a las grandes piquerias festivaleras.  Ese es su mundo y sin él no hay felicidad en Beleño. Trofeos, placas y reconocimientos abundan en su residencia como fe de su valor cultural y musical. ¡Beleño las tarimas te esperan con los brazos abiertos!

 Por: Nibaldo Bustamante