Por: Alejandro Gutiérrez De Piñeres  y Grimaldi

  “La madrugada del 1° de Mayo del 2018, en la ciudad de los Santos Reyes del Valle de Upar, se habrá de recordar por muchos años. Marcó el epílogo de un certamen que arribó al medio siglo y dio inicio a uno nuevo, en todo sentido, ya que a partir del mismo, se puede realizar, por parte de los entendidos en la materia, una evaluación de lo que ha sido, lo que es y puede ser, este Festival y muchos otros, en el desarrollo de ciertos objetivos.

No es tiempo de entrar en discursos filológicos, en torno a una denominación, sino sentar cabeza y mirar de manera objetiva, clara y sensata, sin sesgos de ninguna índole, cómo es que debemos preservar ese patrimonio cultural e intangible, que forma parte de nuestra propia identidad, al cual le hemos dado el apellido de Vallenato.

Es indudable que la música Vallenata, que tuvo su epicentro en el Magdalena grande, particularmente en la parte occidental de este Departamento, al igual que en el norte del actual Departamento del Cesar y en el sur de La Guajira, se produjo un acontecimiento, que marcó esta subregión colombiana, pero simultáneamente con ello, un fenómeno similar estuvo operando en la subregión de la llamada Sabana, particularmente en los Departamentos del antiguo Estado de Bolívar, es decir, en Córdoba, Sucre y Bolívar, donde ese instrumento bendito traído desde el viejo continente de Europa, sentó sus reales en todo el Caribe colombiano, pero con énfasis en los lugares anotados.

A comienzos de la década de los años 60, a duras penas los ritmos ejecutados con el Acordeón, eran escuchados en ciertas esferas populares, pues los estratos más altos, los miraban con desdén y eran sinónimo de *corronchera.

Fue Valledupar, con su Gobernador López Michelsen, a la cabeza, asociada con dirigentes sociales de la época, como Consuelo de Molina, Rafael Escalona y otros más, quienes marcaron la pauta e imprimieron las fuerzas y la berraquera, para que la música que se escuchaba en barrios, veredas en fiestas y parrandas, tuviera un reconocimiento en más amplias esferas. Y a fe que lo lograron!

No obstante ello, quizás por un cierto celo, se subestimaron en cierta medida a los voceros musicales e intérpretes del Acordeón de la región sabanera, al exigirles como condición esencial, que para poder participar en el Festival Vallenato, era menester que se ejecutasen los ritmos indicados, conforme los músicos locales.

Así como en la música andina del interior de Colombia, se realizan  eventos musicales, como por ejemplo el Festival Mono Nuñez, en Ginebra-Valle, al ejecutar un Bambuco los diversos participantes, en este evento, lo hacen siguiendo los cánones musicales, más no al estilo Vallecaucano por ser la sede.

De este modo participan antioqueños, santandereanos, cundi-boyacenses y vallecaucanos, por citar algunos, sin estar ceñidos a una camisa de fuerza.

De manera autocrítica debe reconocerse ese error, pues no debe exigirse a un participante en un Festival, que ejecute tal o cual ritmo, llámese Son, Paseo, Puya o Merengue, tal como lo hacían los Juglares de esta parte de la geografía, sino observar la forma de ejecutar y cantar cada cual. Pongo un caso como ejemplo: el Maestro Alejandro Durán, tuvo su propio estilo, el cual no se puede encuadrar como de cierto lugar.

Alejo era Alejo, y aunque nacido en el Cesar, vivió la mayor parte de su vida en Córdoba. Algo parecido ocurrió con Calixto Ochoa, cesarense de nacimiento, pero la mayor parte de su obra musical se encuadró en ritmos sabaneros, tales como Porros, Cumbias, Charangas, Paseaitos, e igualmente fue muy original en su estilo.

A Alfredo Gutiérrez y a Lisandro Meza, les fue exigido que se acomodasen al estilo vallenato – guajiro, so pena de quedar por fuera o excluidos.

 

 

Todo ello ya debe quedar en el pasado, porque la música de Acordeón, se ejecuta con igual propiedad, tanto Vallenatos como los Sabaneros, y de igual forma se han ido nutriendo el uno con el otro gradualmente.

Los aportes en la ejecución de los instrumentos, en la forma del canto y la composición, constituyen elementos cercanos, y por tal razón, hoy en día es común ver positivamente esos intercambios de ritmos y la propiedad para ejecutarlos de un lado u otro.

La integración y aporte musical de cada subregión, ha sido todo un proceso gradual. Por eso mismo, ese formato sencillo de aquellos instrumentos básicos (Acordeón, Caja y Guacharaca), se fue de manera paulatina enriqueciendo, y hoy en día podemos observar a diversas Agrupaciones Musicales con una estructura moderna y acorde con las tecnologías imperantes, que han permitido pasar más allá de las fronteras patrias.

El punto de discusión en el momento, se centra en qué tanto se están ciñendo a los parámetros originales, los actuales Conjuntos musicales. Lo cierto es que en tarima es notorio, como algunas Agrupaciones, que asimismo se denominan Vallenatas, cada día se están alejando de las raíces tradicionales. No es que se esté en contra de ciertos arreglos, como los que hizo Carlos Vives con sus clásicos de la Provincia, pues sin apartarse de las raíces, logró sonidos que a sus canciones le dieron realce y permitieron que nuestros aires musicales, a muchos lugares llegasen, y esto es digno de alabarse. Más debemos entender, que su obra total, no se reduce a interpretar solo clásicos, y como profesional que es, acude a otros estilos y géneros. Lo incorrecto sería hacer que el mundo se confunda, creyendo que todo lo que él toca es música Vallenata.

De igual forma debemos mirar a los nuevos exponentes, que están desarollando sus obras, mezclando temas originales Vallenatos y Sabaneros, pero también otros géneros. Lo que se les debe exigir es que sean claros y precisos, y expresen abiertamente que eso que están tocando son nuevos géneros o fusiones que han sido por ellos creados, pero que en ningún modo se ajustan a los ritmos tradicionales. Que cantan y saben cantar Vallenato y Sabanero, nadie lo duda, pero es importante que sean sinceros y no vendan sus productos bajo el rótulo de Vallenatos, o  que simplemente que a nadie confundan y hagan claridad.

Finalmente es preciso resaltar que ritmos como la Cumbia y el Porro, fueron quienes primero tuvieron acogida en Colombia y en el extranjero, y por tal motivo los llamados Premios Grammy, no se reducen solo al Vallenato. Complace hoy en día, observar ese compadrazgo que se viene dando entre los músicos Sabaneros y Vallenatos, y por ello, a manera de Propuesta, estimo de mucha importancia, que se realicen Festivales en toda Colombia, no solo en el Caribe, en donde los participantes en todas las categorías, se vean abocados a ir más allá, para interpretar tanto los ritmos Vallenatos como los Sabaneros.

Cuán bello sería observar en Valledupar a un Alfredo Gutiérrez (que tiene sangre cesarense y sucreña), a un Adolfo Pacheco, Rodrigo Rodríguez, Lisandro Meza, Felipe Paternina, Juan Piña, etc, compartiendo tribuna con los de la otra Escuela.

Gracias a Vives por reconocer a todos, y que en lo sucesivo, sea tanta la grandeza, que los ritmos del Caribe colombiano, ejecutados en Acordeón, Guitarras o con otros instrumentos musicales, sean motivo de fraternidad y fuera toda aspereza, pues el folclor que es parte del alma de un Pueblo, abarca todo ese conjunto de tradiciones y costumbres de nuestra Patria, pues eso es lo que más nos une”

 

 


 

Por: Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi