Por: Alejandro Gutiérrez de Piñeres y Grimaldi

Cuando una persona conocedora del folclor Vallenato menciona el nombre de Ismael Antonio Rudas Mieles, inmediatamente todo conocedor de la materia, trae a su memoria, la figura de uno de los más grandes músicos, que aún existen en Colombia en materia del folclor de nuestra Región Caribe y, en particular, de ese que ha sido declarado como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad y aún supervive, a pesar de los embates de la modernidad y de ese comercio voraz, que ha venido haciendo de la música popular, una de sus mejores fuentes de ingresos.

Me estoy refiriendo al Vallenato original, al clásico y raizal muy distinto al que se viene promoviendo en los medios de comunicación, que dista mucho en su forma y contenido, de esas historias vividas por nuestros Juglares nativos, que describieron con finura relatos de mucha altura con palabras muy sencillas, sin tantos rebusques manidos, como esos que hoy se están oyendo, por un determinado tiempo, y muchas locuras sin fundamento, sin sabor ni picardía, como esas que antes se hacían, aduciendo para ello que los tiempos han cambiado y que las nuevas generaciones están siendo bastante influenciadas por los ritmos modernos. Está bien que coexistan esas nuevas corrientes, pero que lo tradicional se conserve, y exigir a los nuevos exponentes de la música de Acordeón, pulirse en todo aquello que hagan, para que haya un reconocimiento y nada sea a la brava.

En virtud de ello, he querido resaltar, la vida de este Maestro, quien a muy temprana edad (4 años), ya hacía sus pininos, que lo irían a conducir a ser un serio baluarte, pues todo lo que hubo aprendido, con disciplina y talento, lo ha puesto al servicio de ese folclor por él amado, sin quedarse en minucias, ni egoísmos baratos, sino con grandeza y sacrificio en defensa de esos aires provincianos, herencia legada por su Padre, pues estando en Caracolicito, pequeño poblado Cesarense, este chico pudo escuchar unos sonidos agradables para sus oídos, provenientes de un Acordeón, que del taller de su Padre emanaban, agradando su corazón, y trazando desde entonces una ruta a seguir, con esa música que tanto le gustaba.

Las amistades de su Padre Ismael Antonio Rudas Jaramillo, el más reconocido Técnico de Acordeones en la década de los años 40, con los Acordeoneros de entonces, como los hermanos Alejandro y Náfer Durán, el famoso Abel Antonio Villa, Pacho Rada, Luís Enrique Martínez, Juancho Polo Valencia y muchos otros más, posibilitaron que Ismael se fijase en la forma o estilo de cada uno de ellos, puesto que ellos representaron a los auténticos intérpretes de los cantos provincianos o del Magdalena grande, desde los inicios del siglo XX.

Fueron los maestros citados, quienes inicialmente se apersonaron para darle las primeras lecciones, respecto al manejo del Acordeón a Ismael, quien tan solo a sus 4 añitos digitaba con su instrumento, “la Piña Madura” y otras canciones. Así se fue abriendo el camino para quien muy joven ya soñaba con realizar grandes logros en el arte musical.

Estando ya adolescente, se mostró interesado en constituir su propia Agrupación Musical, en donde el mismo Ismael pudiese hacer las  veces de Cantante y Acordeonero, con la seguridad que le brindaba el hecho de haber recibido enseñanzas de los juglares de antaño.

Con los antecedentes esbozados y habiendo cumplido sus 18 años, le fue hecha una oferta desde Ocaña (Norte de Santander), para que entrase a formar parte de una Agrupación denominada “El Combo Nuevo”, que al estilo sabanero, en donde la Guitarra eléctrica y el Saxofón, marcaban pautas, amén de los otros instrumentos básicos al estilo de Aníbal Velásquez, de “Los Corraleros de Majagual” con Alfredo Gutiérrez.

Ismael Antonio Rudas Mieles

Para Ismael esto significó un reto grande pero enriquecedor, porque esta etapa constituyó un avance significativo, pues en su forma de ejecutar el Acordeón adquirió mayor destreza, lo cual incidió para ir convirtiéndose en un músico muy fino, ejecutor de notas con un sentido creativo.

Tras haber participado en un concurso organizado por Caracol en Bogotá, con su “Combo Nuevo” en la llamada Orquídea de Plata Philips en el año de 1968, con la presencia de grandes Agrupaciones de toda Colombia, se obtuvo un  honroso segundo lugar, lo cual le sirvió de plataforma, para proyectarse nacionalmente.

Una idea muy clara tenía Ismael y era la de convertirse en un músico profesional, y para lograr esa meta, optó por retirarse del “Combo Nuevo” y radicarse un tiempo en Santa Marta, donde se matriculó en la Escuela de Bellas Artes, pues su propósito específico era el de perfeccionar sus conocimientos musicales, en el área del Solfeo y la Gramática, conocimientos estos que le motivaron en mayor medida, pues pudo aplicarlos en la escritura de las notas musicales, que casi a diario creaba con su Acordeón.

En 1970 se produce su debut en las grabaciones discográficas con 2 canciones, de su autoría, con lo cual se abre nuevos espacios que le permiten nuevos contratos, grabaciones y presentaciones.

Habiendo incursionado con éxito rotundo en el año 1971, prosigue una cadena de triunfos. Graba en el sello Fuentes de Medellín y en los años posteriores (72, 73, 74 etcétera), compone más canciones y el mismo las interpreta, dándose a conocer en muchos lugares de todo el territorio nacional, gracias a las diversas casas disqueras que le brindan la oportunidad e igualmente a ese sello de calidad que él sabía imprimir a sus trabajos.

De allí en adelante se producen una serie de triunfos para su carrera musical, particularmente cuando se une con Daniel Celedón Orsini, excelente vocalista guajiro, obteniendo un pasaporte importante por sus triunfos consecutivos, consecuencia de los reconocimientos que le fueron hechos en diversidad de lugares, por sus éxitos alcanzados con canciones tales como “La Tijera”, “La Gota fría”, “Trajecito gris” y muchos más, que le catapultaron.

Más adelante se asocia con Adanies Díaz, con quien continúa su carrera ascendente, grabando tres L.P, con Codiscos, donde le da continuidad a una serie denominada “Violines Vallenatos”, que ya había iniciado Alfredo Gutiérrez.

Culminado ese trabajo, se le presenta otra oportunidad maravillosa, cuando le es solicitado que grabe al lado de uno de los más grandes Vocalistas que haya dado el folclor caribe colombiano: Juan Piña.

Bajo el título “El azote vallenato” sale al mercado esta producción, en la cual se destaca el tema “Compañera”.

Vuelve y juega de nuevo con Daniel Celedón y entre ambos conforman en 1980 una Agrupación que se ubicó en primerísimos lugares: “El Doble Poder”. Fueron un total de ocho L.P. los que produjeron, generando grandes ventas y galardones, como discos de oro y de platino y la ya famosa Orquídea de Plata Philips.

Asimismo para esa época desarrolla producciones con otros artistas, como fue el caso del Actor Ronald Ayazo y con la cantante de Ocaña Yolanda Pérez, conocida como “Yolandita”. Posteriormente entra en escena con un nuevo Vocalista que se venía perfilando como una figura interesante: Jesús Manuel Estrada, de origen cordobés. Con este graba tres discos L.P. Escuchemos un tema que popularizaron:

“Directo al corazón”

 

Viene luego una nueva etapa con otro cantante: Elías Rosado y con posterioridad aparece Leandro Torres, pero éste por dificultades de orden personal, no pudo continuar al lado del “Pollo” Isma, tal como sus amigos lo llamaban cariñosamente.

Aparece entonces Armando Mendoza, un brillante exponente de los cantos vallenatos y permanecen un buen período. Hacía el año 1996 se reencuentra con su viejo compañero de fórmula Daniel Celedón y deciden darle continuidad al denominado “Doble Poder” y luego de grabar para el sello FM una nueva producción.

Para fortuna de Ismael Rudas, es llamado por los Periodistas Daniel Samper Pizano y Pilar Tafur, con el objeto de ofrecerle la dirección de un proyecto denominado “100 años de vallenato”, dada la experiencia y conocimiento de este gran Maestro del folclor.

Ismael Rudas asume ese nuevo reto, consciente de la responsabilidad que ello entraña y, para tal efecto, convoca a reconocidas figuras de este género musical, tales como Nicolás Elías Mendoza “Colacho”, Miguel López, Julio Rojas, Alberto Rada y, obviamente él mismo entra a formar parte de este elenco de auténticos exponentes de ese folclor raizal. De igual modo invita como vocalistas para realizar esta producción a reconocidos personajes como “El Cheche” Rada, Ivo Díaz, Adolfo Pacheco, Armando Mendoza, Javier Gámez y Daniel Celedón.

La citada producción musical arrojó como resultado, un trabajo de cien 100 canciones, debidamente seleccionadas por sus promotores, compiladas y editadas en seis (6) CD, las cuales fueron acompañadas por un libro, escrito por Daniel Samper Pizano, para ilustrar a los lectores sobre el contenido total de la obra, pues allí se comenta una parte de la historia, e igualmente se incluye un nutrido anecdotario, que gira alrededor de costumbres y vivencias donde se desarrollan los hechos en mención.

Esta grabación tuvo una duración de más de siete meses de trabajo, para luego ser presentada en las principales Radiodifusoras del País, y posteriormente, se programó una gira promocional, por diversas naciones de Europa y, en efecto, Ismael Rudas escogió a reconocidos músicos profesionales, para que le acompañasen en esta misión, a saber: Daniel Celedón, como vocalista, Javier Santander en el bajo, Javier Polo, como corista y guacharaquero, y Ariel Ávila en la caja.

Con una agenda bastante copada, Ismael Rudas y sus muchachos, dieron  cumplimiento a diversos espectáculos en la ciudad de Paris, como La New Morning, el salón de la Unesco, la Plaza de la Villete y el festival de Cine en Biarritz, donde Colombia participó con esta Agrupación, quien puso una nota muy alta al ambientar el evento, con nuestra música Vallenata, durante la apertura, sostenimiento y clausura de tan connotado festival. 

 

 

 

Esta pues, es la hoja brillante de vida que este Maestro nos exhibe como ejemplo, de todo lo que un músico bien formado tanto en lo folclórico como en lo académico, ha podido aportar con altura y con dignidad, de todo lo sembrado en pro de nuestra cultura musical. Hoy en día, ya retirado del fuerte ajetreo de las presentaciones y de tanto grabar con grandes figuras, Ismael decidió colgar el Acordeón en un lugar visible de su hogar, donde en un viejo baúl permanecen los bellos recuerdos que su vida artística le brindó, como algo excepcional.

No obstante Ismael Rudas sigue haciendo música, como arreglista y productor, desde su propio estudio de grabación G.RUVEL, en la ciudad de Barranquilla, donde actualmente reside

 

Por: Alejandro Gutiérrez de Piñeres y Grimaldi