Por: Julio Oñate Martínez

Al regresar a Europa de uno de sus viajes al oriente, el italiano Marco Polo llegó con la novelería de haber visto en tierras asiáticas un instrumento musical aerófono con figura de pájaro y lleno de pitos tubiformes que sonaban muy bonito que al ser insuflado y que en un run run que llegaba desde el otro lado de la muralla China decía que el pájaro musical se llamaba Sheng, cuya aparición se remontaba casi 3.000 años antes del nacimiento de Jesucristo. Con el tiempo los europeos lo conocieron y descubrieron el sistema de lengüeta libre metálica que le daba vida y Comenzaron a explorar las posibilidades de esta maravilla sonora. Los franceses iniciaron las maromas liderados por Busson un músico que cristalizó la idea de hacer vibrar la lengüeta mediante un fuelle que respiraba mecánicamente, pero se descuidaron y el 6 de mayo de 1829 Cyril Damian un vienés fabricante de órganos, con sus hijos Karl y Guido patentaron en Viena un pequeño juguete musical que llamaron akkordion, concebido para lograr acordes de acompañamiento, de ahí su nombre.

El juguetico tenía 20 cm de alto, cinco teclas o botones para la mano derecha y un fuelle de cinco pliegues rematado por una agarradera para abrirlo y cerrarlo, es decir, no tenía el sistema de los bajos.

Los franceses de nuevo a la vanguardia encargaron al parisino Napoleón Fort Neaux de crear la primera fábrica de acordeones que registra la historia en París en el año 1833; posteriormente en 1835 Busson volvió a las andadas y fundó la segunda factoría de acordeones. A partir de 1848 comenzó una verdadera revolución en su perfeccionamiento y el italiano Beraldi, guitarrista en sus ratos de ocio le implementó al instrumento el teclado mano izquierda a partir de los acordes que lograba con la mano zurda en el diapasón de la guitarra, y ya para 1860 los acordeones de cualquier nacionalidad traían el sistema de los bajos para ser pulsados con la izquierda. En 1830, un inventor de Bohemia, Ritcher, inventó el instrumento llamado harmónica tal como se lo conoce en la actualidad y que en nuestro medio se distingue como dulzaina, flauta, violina y acordeón de boca, diminuto aerófono que tiene el mismo principio sonoro de su hermano mayor.

A finales del siglo XIX los países europeos más avanzados ya fabricaban acordeones incluyendo a Rusia y sus satélites y al comenzar la siguiente centuria, Hohner industrializa su marca y en todo el mundo se conoce este apellido germano

 

Por: Julio Oñate Martínez