Por: Jorge Nain Ruiz Ditta

  El pasado fin de semana participé de forma activa en el Festival de Canciones Samuel Martínez, celebrado en el corregimiento de La Loma, municipio de El Paso, departamento del Cesar, y allí pude observar como los festivales vallenatos que se realizan a lo largo y ancho del país siguen cumpliendo un papel muy importante en la preservación y conservación de las raíces y la autenticidad del Folclor Vallenato.

Es de gran trascendencia para el género vallenato que durante los tres años recientes se ha incrementado la creación de festivales de nuestra música en todo el territorio nacional, pero es más importante el hecho que en varios de los ya consagrados eventos se nota un gran entusiasmo por crear las categorías infantil y juvenil en las modalidades de acordeón y piquería, y lo mejor de todo es la participación abundante de los niños y jóvenes en estos concursos, lo que nos indica que vamos por buen camino.

Inscribirse en los concursos y viajar a los pueblos a participar en grupos familiares es uno de los planes que he podido observar recientemente, el padre y la madre acompañan a su hijo menor a la competencia, y se dan casos en los que varios miembros de una misma familia integran los grupos musicales, mientras uno de ellos toca el acordeón, otro toca la caja, otro la guacharaca y otro canta.

Los concursos de acordeón infantil y juvenil son los más llamativos, y en los que se viene notando mayor interés, tanto de participantes, como del público en general; y recientemente, con la creación de la categoría infantil de la piqueria en festivales como el de la Leyenda Vallenata, Festival de la Piqueria de Barrancabermeja, Festival Tierra de Compositores de Patillal, y ahora, el de Canciones Samuel Martínez de La Loma, recobra fuerza y se renueva esta modalidad de concurso que venía de capa caída por la falta de creatividad y nuevas propuestas a la hora de improvisar.

A propósito de la piquería, quiero llamar la atención a los verseadores o repentistas en el vallenato, a quienes de un tiempo para acá les he notado la tendencia de cantar los versos de manera estridente y gritados, tal vez en el afán de mostrarse agresivos y contundentes frente al adversario, pero realmente no creo que algo tengan que ver los gritos o los timbres altos que se vienen empleando en la piqueria con la contundencia, coherencia, mensaje y rima que se espera en un verso improvisado.

Por: Jorge Nain Ruiz Ditta