Por: Johari Gautier Carmona

 En 1985, tres años después de que Gabriel García Márquez recibiera su Premio Nobel de literatura, un nuevo temblor zarandeaba el mundo de las letras. La novela El amor en los tiempos del cólera salía a la luz con un sugerente epígrafe que evidenciaba la influencia de un compositor excepcional: Leandro Díaz.

 

“En adelanto van estos lugares: ya tienen su diosa coronada”, decía la cita, estratégicamente colocada después de la página dedicada a su esposa Mercedes Barch. Sin haber entrado en la obra, sin haber siquiera visto a Florentino Ariza y Fermina Daza esgrimir sus afectos, el lector ya era testigo de una novela antes de la novela. Una antesala que ambienta los mundos sobre los que se sienta este gran laberinto amoroso.

 Sin embargo, la influencia del compositor guajiro (nacido en Hatonuevo en 1928 y fallecido en Valledupar en 2013) fue mucho mayor de lo que deja entrever este radiante epígrafe. El título inicial de “El amor en los tiempos del cólera” iba a ser otro muy distinto: el de “La Diosa coronada”. Un título impregnado de los aromas y las letras de la canción de Leandro. La canción perfecta para retratar las obsesiones, ansias y devociones del amor que García Márquez aspiraba a describir.

 En un conversatorio organizado en el Banco de la República (en Valledupar), el hijo del famoso compositor, Ivo Luis Díaz, revivió con una notable emoción la historia detrás de la gran obra del Premio Nobel y regresó al año 1983, cuando Gabo fue invitado como jurado al Festival de la Leyenda Vallenata (un año después de recibir el premio en Estocolmo). En Valledupar se encontró con Leandro Díaz y le dijo “Te tengo una sorpresa”, “¿Cuál es?”, “Estoy escribiendo un libro y se llama La Diosa coronada”.

 Leandro Díaz se sintió muy halagado. Era para él un gran orgullo ver su composición inmortalizada con una obra de García Márquez. Además, ambos artistas compartían algunos orígenes que fortalecían esa confluencia músico-literaria: la abuela de Gabo y los ancestros de Leandro provenían de Barrancas (La Guajira). “Estaba ese cariño y esa cierta familiaridad entre Gabo y Leandro […]. Gabo se declaró admirador de esa obra al lado de los escritores que fundaron La Cueva. Ellos hacían tertulias y dedicaron algunas a desmenuzar verso por verso a la Diosa coronada para hacerle su análisis literario”.

 No obstante, el deseo del escritor no pudo realizarse. “Cuando asistimos al lanzamiento del libro, Leandro sintió una tristeza al darse cuenta que estaba titulado El amor en los tiempos del cólera”, comenta Ivo Luis.

 Las complicaciones vinieron desde el momento en que inició la edición de la novela. Por motivo de derechos de autor, la editorial sugirió a Gabriel García Márquez que cambiara el título para evitar problemas en un futuro. Y tras aceptar la recomendación, el escritor se demoró casi dos años para hacer las correcciones relevantes dentro de la obra.

 Tras estos sucesos, los dos artistas volvieron a encontrarse en 2013. “Jaime García me llamó para pedirme el favor que fuéramos a Cartagena ––explica Ivo Díaz––.  Gabo estaba allí y ellos querían hacerle una parranda porque pensaban que era la última vez que Gabo visitaba Colombia. Estaba muy enfermo. Sufría de demencia senil y de cáncer”. 

 Leandro Díaz viajó a la Ciudad amurallada, y junto a músicos como Iván Villazón, Julio Rojas o Wilber Mendoza participaron en una parranda memorable. “Se pensaba que Gabo se quedaría una horita y ya, pero estuvo toda la noche. Llegó a las siete y la parranda terminó a las cuatro de la mañana”, recuerda con una sonrisa el hijo del compositor. 

 La entrada del Nobel colombiano también merece ser recordada. El hombre saludó a los amigos, a los familiares, y al ver a Leandro, su rostro se iluminó. “Su mente se volvió lucida –comenta Ivo Díaz–, lo vimos abrazar a Leandro, sentarse juntos, y así permaneció casi toda la noche”.

 En esa parranda se encadenaron muchas canciones, grandes efigies del vallenato clásico, pero cuando García Márquez pidió “la Diosa coronada”, algo ocurrió, explica Ivo Luis. Los sentimientos y recuerdos más profundos brotaron.  

 “Leandro le dijo que cada vez que cantaba esa canción en cualquier parte del mundo, siempre se acordaba de García Márquez ––recuerda el hijo––. Y cantamos esa canción y Gabo se paró a bailar. Fue un momento sublime que quedó para la historia”.

 La ironía de este último encuentro fue enorme. Todos los músicos viajaron a Cartagena con el fin de despedirse del Premio Nobel, leyendo en su estado la evidencia de un agotamiento irreversible, y, sin embargo, Leandro Díaz fallecía justo dos meses después de la parranda. Nadie sabía que, en realidad, se estaban despidiendo del gran juglar.

Por: Johari Gautier Carmona

@JohariGautier