Crónica

Por: Juan Rincón Vanegas

 La vida le ha dado una cantidad de vueltas al acordeonero Ramón Nonato Lemus Toro, natural de El Difícil, Magdalena, que le han servido para amar más al folclor vallenato.

Hoy, a sus 60 años se siente orgulloso de haber ostentado en 1983 la primera corona del Festival Vallenato del Magdalena Medio, así se llamaba en aquel entonces, y donde Barrancabermeja desde el Parque Infantil supo de las notas de su acordeón.

Es la historia del hijo de Manuel Venerado Lemus Ruiz y María Francisca Toro Contreras; del hombre humilde, trabajador y que ha enseñado el mensaje musical por muchos lugares de la geografía nacional.

Es de los personajes que no paran de hablar y cuentan en detalle todos los hechos y hasta pregunta si así está bien. “Mi papá tocaba acordeón y yo empecé a hacerlo a los 16 años, pero antes me la pasaba silbando las canciones vallenatas que escuchaba en la radio. Soñaba tocando en el acordeón la canción ‘El Cachaquito’ del compositor Miguel Yanet, interpretada por los famosos  Playoneros del Cesar”.

Se emociona recordando ese tiempo y para dejar mayor evidencia con su acordeón tocó y cantó un pedazo de esa canción: “A quién se te parece a ti ese cachaquito, verdad que no parece hijo de un vallenato. Mi Dios que me perdone lo malo que he dicho, pero un mariangolero no pinta cachaco”.

Enseguida toma nuevamente el curso de la charla y anota. “Mi papá asistía a diferentes parrandas y los menores de edad no podíamos acercarnos porque era fuetera fija. Desde lejos escuchaba tocar a juglares como Alejo Durán, Luis Enrique Martínez, Calixto Ochoa, Pacho Rada, y me emocionaba mucho”.

A Ramón le llegó el momento de tener su propio acordeón y nunca paró de tocarla. “A los 18 años, producto de mi trabajo en la finca de Abraham Batista Ospino, me compré mi primer acordeón a finales de 1974 y aprendí a tocar en mi casa. Ya al mes estaba tocando en parrandas, y me buscaban porque me sabía varias canciones. Esa época era bonita, sana y un acordeonero era lo máximo porque tocaba, cantaba y hasta componía canciones. Claro, no faltaba la cosecha de mujeres”. Su carcajada no se hizo esperar dando una disertación de esos hechos donde el amor se encontraba en cualquier patio parrandero.

 

Historia festivalera

 

La historia festivalera de Ramón Nonato, nombre en honor a un santo nacido el 31 de agosto de 1240, según lo registra el almanaque Bristol, comenzó en 1979 en el Festival de la Leyenda Vallenata, donde participó en el concurso de acordeón aficionado. “Desde ese momento me quedó gustando y participé en varias ocasiones”.

En el año 1983 queriendo buscar otros horizontes se fue a trabajar a Bucaramanga, exactamente como ayudante en un taller de refrigeración, y también queriéndose ganar unos pesos con la música.

“Allá supe del Festival Vallenato de Barrancabermeja. A mí me inscribió el locutor Alberto ‘Tico’ Marín, y fui a participar. En el listado oficial aparecí como de Bucaramanga, y cuando en la competencia comencé a tocar me chiflaban diciendo que no era cachaco. Al terminar, tomé el micrófono y aclaré que era de El Difícil, Magdalena, y el público entonces me aplaudió”.

Ramón Lemus, indicó que lo sucedido le trajo buena suerte porque tuvo muchos seguidores y se le abrieron las puertas para alcanzar el triunfo. De igual manera,  confesó que para el festival no llevó acordeón, porque el suyo lo tenía dañado, sino que el hoy cajero Jairo Suárez, le prestó la suya.

Entra en los recuerdos que todavía los tiene frescos, y relata las canciones que presentó y el jurado que le correspondió.

“En la final presenté el paseo ‘La Margentina’, (Julio de la Ossa); el merengue ‘Islas canarias’ (Adriano Salas); el son ‘Altos del Rosario’ (Alejo Durán) y la puya ‘Déjala Vení’ (Náfer Durán). En la caja me acompañó Rafael ‘El Pipo’ Romero y en la guacharaca mi hermano, Aquilino Lemus. Los jurados fueron Alfonso Quintero Salazar, Vercelio Daza y Alfredo Baldomino”. Enseguida dice que el premio por su primer lugar fueron 40 mil pesos y un acordeón.

“Del Festival de Barrancabermeja puedo decir que es uno de los mejores que hay en Colombia, por la organización, responsabilidad y atención a los concursantes”, dice muy convencido Ramón Lemus.

Después del triunfo grabó tres producciones musicales. Una con Armando ‘El Ñego’ Ruiz y dos con Carlos Bustos.

 

Maestro de música

 

Una importante etapa para Ramón Lemus, ha sido su incursión en la enseñanza del acordeón que inició en 1995 en la Academia de Música del maestro Andrés ‘El Turco’ Gil. Después montó una escuela de música en su tierra donde trabajó por espacio de 10 años.

El hoy docente en música tradicional vallenata, homologado por varias universidades y por el Ministerio de Cultura,  ha prestado sus servicios en distintos municipios en los departamentos del Cesar y Magdalena. Actualmente se encuentra dando clases de acordeón en las instituciones educativas Dagoberto Fuentes Zuleta y 450 Años de Valledupar, donde aprenden 100 estudiantes en edades de seis a 17 años.

Al terminar de relatar sobre los lugares donde ha tenido la oportunidad de brindar su enseñanza expresa. “La música vallenata es lo más lindo que hay en la vida y enseñarla es como degustar el mejor manjar del folclor. También porque de ella vivo y la siento cada día más”.

Cuando se le puso a sacar cuentas en su mente sobre cuántos niños y jóvenes había enseñado a tocar el acordeón, así mismo como él un día en su pueblo soñó con hacerlo, cambió de semblante, agachó su cabeza y se puso a llorar. Se dejó que pasara ese momento donde el sentimiento hablaba por dentro y dijo: “Comencé hace 23 años, y esa cuenta no la tengo, pero Dios sabe que he multiplicado la música vallenata, que he sido un fiel obrero del folclor y esa es mi mayor recompensa”.

No había lugar a más preguntas porque Ramón Nonato Lemus Toro, ha pasado su vida sumando cientos de alegrías folclóricas, precisamente iniciando en Barrancabermeja.

 

Por: Juan Rincón Vanegas