Por: Jorge Nain Ruiz Ditta

 En la época en que nació y creció el folclor vallenato, los intérpretes y compositores de nuestra música llegaban a ella casi siempre en condición de adultos. Así lo hizo Francisco Rada, Alejo Durán y Emiliano Zuleta Baquero, por sólo mencionar algunos. En aquellos tiempos no existían festivales, ni mucho menos categoría infantil o juvenil, ni motivación económica o comercial que indicara que ser músico, y mucho menos de un género incipiente y popular podría ser un oficio o profesión para vivir dignamente. 

Llegaron quijotes como Andrés ‘El Turco’ Gil, en Valledupar; o Jaime ‘El Pollo’ López en Bogotá, y así fueron naciendo las academias o escuelas de vallenato en todo el territorio nacional. Los niños con sus padres se fueron animando para aprender a tocar los instrumentos de nuestro folclor y a cantar un buen vallenato, lo cual fue reforzado con la inclusión en los distintos festivales de las categorías infantil y juvenil en los concursos de acordeoneros.

En los festivales a los que he asistido en los últimos dos años, me he dado cuenta que los niños son la principal atracción de estos, en todas las modalidades. Desde hace ya varios años en la modalidad de acordeoneros existen la categoría juvenil e infantil, y recientemente se ha venido creando la categoría infantil en la modalidad de piquería en varios festivales: Valledupar, Patillal, La Loma.

Sin duda, el aporte más importante que se le ha hecho al folclor vallenato en los últimos tiempos lo han realizado los jóvenes que han llegado a darle nuevos bríos a esta música, aquellos que se han preparado en academias, que hacen ver este arte y oficio como algo digno, que rompió el paradigma de pertenecer a los estratos más bajos, y que hoy por hoy tiene entre los mejores cultores y representantes del vallenato a quienes se han preparado para asumir esa responsabilidad.

Son los jóvenes y los niños quienes nos dan ejemplo de cómo tocar el acordeón en estos tiempos, sin desatender los patrones clásicos, y ahora en la piquería, que venía de capa caída, le han dado un nuevo aire y se vuelve a escuchar una verdadera improvisación y no la sarta de versos viejos que se venían pregonando.

Celebro como los niños ya están componiendo bien el vallenato, y los festivales tendrán que ir considerando la incorporación en los concursos de canción inédita de una categoría juvenil o infantil, porque estos muchachos vienen pidiendo vía.

Colofón: Las composiciones en aires de puya y son tienden a ser cada vez más escasas, en los festivales se participa con los mismos temas, y he notado que los niños están presentando muchas puyas de su autoría, lo cual es digno de aplaudir y celebrar.

 

Por: Jorge Nain Ruiz Ditta