Por: Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi

 Cuán abundante, prolífica, multifacética ha sido esa franja territorial que va desde la península de la Guajira hasta el Urabá antioqueño, en materia de músicas folclóricas y populares, con todo tipo de formatos e instrumentos musicales. No existe país en el mundo, que exhiba tal variedad, como la que posee nuestro Caribe colombiano. ¿Ello por qué?, se preguntarán algunos despistados, cuyos sentidos han sido puestos (impuestos) más en aquellos ritmos foráneos, producto de los grandes intereses comerciales, que hoy en día, abundan en el mercado de las comunicaciones masivas.

Voy, quiero referirme de manera muy especial a todos esos aires musicales que se fueron paulatinamente creando, desde que ese instrumento bendito, llamado Acordeón, desembarcó en los puertos del Caribe, para enclavarse en el corazón de gentes sencillas, de origen rural en sus comienzos, para luego alcanzar todas las capas sociales.

Sin que negase su procedencia de rancia estirpe europea, quienes tomaron interés en aprender a ejecutarlo, en ocasiones con Maestros y otras como autodidactas empíricos, ensayaron aires como la Polka, el Fox, el Valse y la Mazurka, que procedían del antiguo continente, pero no hubo de pasar mucho tiempo, para que los juglares nativos, lo tomasen un gran cariño y lo hiciesen su acompañante y fiel compañero, para sacar sonidos que servían como elementos, para conjugar historias, anécdotas, cantos al pueblo, al amor, al paisaje, a amigos, que fueron sentando las bases de lo que hoy en día conocemos como “Músicas de Acordeón del Caribe”, tan populares, no solo en Colombia sino también en muchos países, que las viven y las gozan como si fuesen suyas.

Ha sido tal el fervor que han desatado, que muchos músicos nuestros se han radicado en el extranjero por ser allí muy bien acogidos. Por doquiera, desde temprana edad, hemos escuchado músicos y agrupaciones famosas, como el Mago del Acordeón Aníbal Velásquez, cuya creatividad y digitación ha asombrado a quienes lo observan. Además de ejecutar con habilidad y con destreza los aires autóctonos del Caribe colombiano, como la cumbia, el porro, el chandé, paseos, merengues, ectcétera, desarrolló un estilo de Guaracha en Acordeón y tomó otros aires como el Chiquichá, para poner a bailar a todo aquel que lo oyere. Así mismo hizo arreglos de otros aires antillanos, en particular de Cuba y de Puerto Rico, que continúan siendo disfrutados hasta la presente.

Veamos este gran exponente del Acordeón caribe, cuando nos entrega un Mosaico Carnavalero:

Indudablemente todos los colombianos, que de una u otra forma nos hemos deleitado con las notas maravillosas de grandes exponentes del Acordeón Caribe, no podemos ignorar los valiosos aportes de verdaderos Maestros de la talla de un Alfredo Gutiérrez, Calixto Ochoa, César Castro, Armando Hernández y esa gloriosa Agrupación de talla internacional, como lo fue en su momento “Los Corraleros de Majagual”, escogida por Revistas de USA como la más representativa de toda América Latina, en virtud del inmenso repertorio de aires folclóricos que con calidad ejecutaba, tales como las cumbias, los sabrosos porros, mapalés, fandangos, paseaitos, pasajes, jalaítos, cumbiones y demás, que los condujeron al podio de la fama.

Escuchemos esta Agrupación que tantos recuerdos nos hace evocar, por todo aquello que en su momento nos entregó con sus grandes figuras:

Luego de muchos años de éxitos continuos, cada Acordeonista tomó rumbo diferente, para continuar multiplicando la riqueza folclórica del Caribe, y fue así como Alfredo Gutiérrez dio otro paso en su brillante carrera con “Los Caporales del Magdalena”, y luego, bajo otros formatos, tuvo éxitos que aún resuenan en las Emisoras y casas de familia, por el impacto que ellas tuvieron, para luego consagrarse como Rey Vallenato en 3 ocasiones. Le siguió Calixto Ochoa, el más prolífico compositor de aires sabaneros, e igualmente consagrado como Rey Vallenato. Cesar Castro se volvió ídolo en República Dominicana, en Puerto Rico y México, al igual que Aniceto Molina. Y ni que hablar de ese gran músico Lisandro Meza, el Rey Sabanero, cuya popularidad ha traspasado fronteras con su Agrupación “Los hijos de la niña Luz”, y Armando Hernández que vuela por doquiera con sus cantos alegres y parranderos.

Mención especial, igualmente merecen todas aquellas Agrupaciones que en la década de los años setenta (70) en adelante, tanto en la subregión Sabanera (Bolívar, Sucre y Córdoba), al igual que en la subregión Vallenata (Guajira, Cesar y Magdalena) cobraron un interés inusitado, debido en gran medida a influencias recíprocas de estas dos subregiones, que condujeron a un salto grande, que lograron penetrar en altas esferas y dar inicio a un reconocimiento en otras latitudes, con aires propios de esos lugares. Muestra de ello fue la consolidación de concursos en diversas categorías, que dieron nacimiento a más festivales, surgimiento de Academias, nuevas figuras de la canción, pero con un inconveniente grave: Los rótulos que surgieron, crearon una brecha entre la familia del Acordeón, por celos o por exclusiones, o porque existiendo una gama muy amplia de ritmos, a pocas opciones la redujeron.

Aducir a estas alturas de la vida cierta paternidad, para disponer o fijar cánones o doctrinas, no tiene sentido alguno, para quien valora y degusta todo lo bueno. Ha llegado la hora de rectificar y poner cada cosa en su respectivo lugar y no de propiciar debates estériles, que a nada bueno conducen, sino a enemistades sin sentido.

Veamos a continuación a un gran intérprete de la subregión vallenata (Magdalena, Cesar y Guajira), cuando nos entrega un Merengue con su estilo característico, de la autoría del Maestro Luis Enrique Martínez.

CIRO MEZA REALES (Rey Vallenato) “Recuerdos de Ocha” – Merengue Vallenato

Comencemos por reconocer los aportes positivos que cada subregión ha dado, a lo largo de muchos años, pero no desestimemos lo hecho durante años por Juglares y Maestros, que paso a paso, con sacrificio y talento, nos dieron un maravilloso legado, el cual debemos conservar como parte de nuestra identidad.

No tracemos fronteras imaginarias, pues el Caribe colombiano es una sola Región, y todas sus músicas ejecutadas con Acordeón son partes de un todo. Debemos crear conciencia, entre los medios de comunicación, que las “Músicas del Caribe” en Acordeón, tienen apellidos, tales como Vallenatas, Sabaneras, Ribereñas o Bajeras, pero que ninguna es apéndice de otras, sino que todas son parte de ese mismo tronco familiar, independientemente de haber formado de sus propios estilos.

Ahora escucharemos un ritmo de Cumbia al estilo de la subregión sabanera (Córdoba, Sucre y Bolívar) de la autoría del Maestro Andrés Landero:

CARMELO TORRES y Los Bajeros de la Montaña: “La Pava Congona”

Resulta primordial e importante, que todos aquellos eventos o concursos que se vienen desarrollando por toda Colombia, se mantengan y revitalicen, tal como viene ocurriendo en Valledupar, en Riohacha, Sincelejo, Arjona, Sahagun, Barrancabermeja, y aun en el exterior, como en Monterrey (México) y Miami (USA). Todo ello contribuye a mantener viva la tradición, lo clásico y raizal, contra viento y marea.

Para terminar, dejemos en claro, que lo autóctono y lo raizal es el patrimonio cultural e inmaterial que defendemos, por encima de cualesquier influencia nociva, que tienda a desplazar lo nuestro. Tenemos claro el concepto de libre albedrío, y que cada persona tiene derecho a elegir, conforme a su gusto, los aires musicales que cada cual prefiera, pero la rica herencia que Juglares y Maestros nos dejaron, seguirá por generaciones anclada en estos corazones, porque forma parte de nuestra alma. Cuanto diéramos millones de colombianos, que existiese un Festival, en el cual estén representados, si no todos los aires musicales en Acordeón del Caribe colombiano, al menos una buena parte de ellos.

En resumen y sin equívocos afirmamos, que las motivaciones comerciales han inducido a muchos artistas a tomar otros senderos, creando fusiones, que también tienen su público, al igual que el despecho proveniente de otros lugares, y que han encontrado eco, por las mismas razones que sabemos. Prosigan con entera libertad, pero sin confundir ni querer sustituir, ese folclor popular que tanto amamos.

Que los medios de comunicación, sean más objetivos y no coadyuven a esa distorsión de lo vernáculo y tradicional, solo por amistad, por la payola o por otros motivos no confesados. ¡Respeten lo que dicen amar!

 

Por: Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi