El miércoles anterior recibí un boletín de prensa proveniente de la Fundación Festival Vallenato del Magdalena Medio, en el que se informa del aplazamiento de la versión número 34 del Festival de Acordeones del Río Grande de la Magdalena.

Por: Jorge Nain Ruiz Ditta

 El miércoles anterior recibí un boletín de prensa proveniente de la Fundación Festival Vallenato del Magdalena Medio, en el que se informa del aplazamiento de la versión número 34 del Festival de Acordeones del Río Grande de la Magdalena, que año tras año se realiza en el puerto de Barrancabermeja, Santander.

En el comunicado, su presidente Gregorio Ortiz Epalza manifiesta que el evento ya no se hará entre el 10 y el 13 de octubre como estaba programado, y la causa del aplazamiento consiste en que: “Los recursos esperados de la principal fuente de financiamiento del Festival de Acordeones del Río Grande de la Magdalena, como es la Alcaldía Municipal de Barrancabermeja, no permite lograr el cierre financiero del certamen”.

Dicho de otra manera, es posible que este año no se realice el Festival Vallenato de Barrancabermeja porque la administración municipal, ente que históricamente ha sido su principal fuente de financiación, no ha garantizado los recursos.

La situación está bastante preocupante desde todo punto de vista, tanto para la música vallenata, ya que se pone en riesgo uno de los concursos folclóricos más importantes y serios del País, como para la misma ciudad santandereana, porque tal vez pone en peligro su principal patrimonio cultural con más de treinta años de historia.

Con esta grave situación por la que atraviesa el Festival de Acordeones del Rio Grande de la Magdalena se revive la discusión sobre quiénes deben hacer los festivales vallenatos, y la manera cómo se deben financiar estos.

En varias columnas he planteado que uno de los principales problemas de la mayoría de estos eventos consiste precisamente en la dependencia casi que exclusiva de la voluntad política de los alcaldes de turno en cada municipio, porque esta es la principal fuente de financiamiento, tal vez, con la única excepción del Festival de la Leyenda Vallenata.

La información que tengo es que todos los festivales vallenatos que se hacen en Colombia son organizados por entidades privadas sin ánimo de lucro, y el noventa y nueve por ciento de ellos es financiado casi en su totalidad por administraciones municipales.

Por estos días se efectuó con total éxito la versión 25 de uno de los eventos culturales más importantes de Latinoamérica, como lo es el Festival Rock al Parque en Bogotá, certamen que ha sido tomado como ejemplo por parte de mi apreciado amigo y prestigioso periodista Jacobo Solano Cerchiaro para replantear la tesis de como un evento organizado por las autoridades gubernamentales locales puede ser exitoso y no contaminado con politiquería.

En mi opinión, estos eventos pueden ser organizados por la empresa privada o por las autoridades gubernamentales, lo importante es que si son organizados por particulares el éxito y la continuidad dependen de que tengan diversas fuentes de financiación, para que la negativa de una de ellas no sea causa de su suspensión o muerte, como está ocurriendo en Barrancabermeja.

 

COLOFÓN: En este año electoral 2019 ojalá que los alcaldes valoren la cultura y no le metan politiquería al apoyo económico que le brindan a todos los festivales vallenatos que se realizan en el País

 

Por: Jorge Nain Ruiz Ditta