Por: Jorge Nain Ruiz Ditta

El primero de marzo se cumplieron 20 años de la partida de un gran rey. Aunque no haya logrado la corona en el Festival de la Leyenda Vallenata, nadie puede desconocer que fue el ‘Rey de la Cumbia’, no sólo en Colombia, sino en toda Latinoamérica. Andrés Gregorio Landero Guerra, conocido en el ambiente musical como Andrés Landero.

Pocos músicos colombianos han podido crear la mitad de las obras que Landero logró entregar al mundo, su estilo de tocar el acordeón siempre fue muy distinto al que imperó en La Guajira y el Cesar, tal vez por eso no logró convencer a los jurados del Festival Vallenato, quienes en contra del respetable público en el año 1972 le otorgaron un segundo lugar, coronando a Miguel López como quinto Rey Vallenato.

Andrés Landero, un campesino que nació y murió en esa condición especial, fue tal vez uno de los pocos sabaneros bolivarenses, que cumplió a cabalidad los requisitos para llamársele juglar: cantaba, componía y tocaba el acordeón de pueblo en pueblo por la región de Los Montes de María.

‘El Rey de la Cumbia’, como fue llamado en México, Argentina y varios países de Latinoamérica, nació en San Jacinto Bolívar el cuatro de febrero de 1932, y en él se aplicó a cabalidad el aforismo de que “Nadie es profeta en su tierra”. En Colombia, recibió menos honores de los que mereció, pero en el mundo entero compositores y músicos de otros géneros se le quitaban el sombrero por la calidad, versatilidad y originalidad que tenían sus obras y las notas de su acordeón.

Consuelo Araujonoguera, quien sin duda fue una gran visionaria y aventajada en el conocimiento de la cultura vernácula, no pasó por alto la calidad de artista que tenía Landero, por eso, en 1999 lo escogió entre los cinco juglares a quienes les entregó la distinción de Reyes Vitalicios del Festival, al lado de Lorenzo Morales, Francisco ‘Pacho’ Rada, Antonio ‘Toño’ Salas y Abel Antonio Villa.  

Las cumbias más emblemáticas del mundo fueron compuestas por Andrés Landero: ‘La Pava Congona’, ‘Mara del Carmen’, ‘Muchachas cumbiamberas’, ‘Noche de cumbia’, entre otras. Pero Landero no sólo componía cumbias y porros, sino paseos, merengues, puyas y sones vallenatos, además de fandangos y chandés. Se habla de más de 400 canciones de su autoría grabadas, y de forma paradójica, la mayoría son más conocidas en otros países de Latinoamérica que en su misma patria.

Sus amigos, paisanos y compañeros de parrandas, Rodrigo Rodríguez y el gran Adolfo Pacheco, lo catalogan como un “inigualable, irremplazable y de nota muy exquisita”. En el género vallenato compuso clásicos de aquellos que aún siguen haciéndole versiones, como ‘La muerte de Eduardo Lora’ y ‘Flamenco’.

Como la mayoría de nuestros juglares, Andrés Gregorio Landero Guerra fue prolífico no solo en canciones, sino también en hijos, pero de los 24 que se dice procreó, no se conoce alguno que le haya heredado la vena artística a este juglar de los más grandes que ha tenido nuestra música colombiana y al que hoy le rindo este merecidísimo homenaje a través de esta columna.

 

Por: Jorge Nain Ruiz Ditta