-A Macondo regresó el colectivo popular. El color rojo en la música vallenata también ha tenido una gran incidencia porque muchos compositores le han cantado. No yendo muy lejos, sino hasta el corregimiento de Valencia de Jesús donde el Rey Vallenato Calixto Ochoa, comparó a su amor con un lirio rojo que se le había marchitado-

 

Por : Juan Rincón Vanegas

 Por un simple mensaje en redes sociales que anunciaba que, debido a la cuarentena por la pandemia del Coronavirus, la población vulnerable de Valledupar recibiría un paquete con alimentos, la ciudad se vistió de rojo. La razón del trapo colgado en las casas era, supuestamente, el único requisito para recibir las provisiones.

En un abrir y cerrar de ojos, medio Valledupar estaba adornado con trapos rojos, colgados en cualquier parte de las casas, donde aguardaban familias por un mercado.

El mensaje que circulaba en redes sociales y en grupos de WhatsApp era elocuente: “Pon un trapo rojo en la ventana o puerta de la casa, eso significa que necesitas ayuda y se te dará”.

Como la gente no puede salir a la calle, las llamadas y mensajes no se hicieron esperar, porque hasta la esperanza había cambiado de color. Todos preguntaban el día y la hora de la respectiva entrega. Hubo casas donde además del trapo rojo, pusieron mensajes en cartones y cartulinas: “No tenemos comida, ayúdenos”. Mientras que, en otras casas, donde no habían conocido el mensaje, se escuchaban murmullos que se referían al Apocalipsis: “Esto parece apocalíptico, ver todas esas casas con trapos rojos”.

Nadie respondía las inquietudes de la comunidad que se aferró a ese anuncio como una esperanza para tener comida sin tener que salir de sus casas. Solo horas después, las autoridades desmintieron el mensaje y que la entrega se haría de otra manera, de inmediato, todos bajaron el trapo rojo que entró nuevamente al cuarto del olvido.

Con este hecho se volvió a revivir aquel inolvidable Macondo donde hasta lo increíble era cierto, aunque esta vez Remedios, la bella, no subió al cielo envuelta en una sábana, pero si una habitante del barrio Altos de Pimienta quiso poner en la puerta de su casa la camiseta del equipo Junior de Barranquilla, debido a que no tenía más. Sus hijos le quitaron la idea porque se la podían robar.

El episodio del trapo rojo recordó que este color ha sido protagonista de muchos hechos como cuando llegaban algunas pestes, cuando las campañas políticas del partido liberal con Alfonso López Michelsen a la cabeza y el amor por los equipos Santa Fe de Bogotá o América de Cali, entre otras.

 

Paseo por el Lexicón

 

Hoy es preciso “jurujuniar” en el laberinto de las palabras del libro Lexicón del Valle de Upar, de la autoría de Consuelo Araujonoguera, para conocer algunas no tan conocidas que llegan como anillo al dedo.

Ahora, no hay que “aguaitarse” ni a la puerta de la casa para después no “amalayarse”.

Algunos pensaban que el Coronavirus era un “arreñique” o novelería, y nunca creyeron que podía ser un gran “bolloban” con una “catajarria” de víctimas en el mundo que se pudieron evitar. Ha sido todo un golpe fuerte, un “majapolazo”.

Hay que quedarse en la casa y no estar “esgaritao” sin rumbo fijo o “flequeteando” porque puede torcer la puerca el rabo.

Por eso el cuido debe ser general para que las bendiciones lleguen “a trochimoche”, en forma abundante, permanente y continua.

 

“Yo tenía mi lirio rojo”…

 

En la música vallenata el rojo ha tenido una gran trascendencia a través de muchas canciones como recientemente ‘La del vestido rojo’ de Iván Ovalle y ‘Pícara de labios rojos’ de Fabián Corrales, pero hay un tema que sigue sonando a través de los años de la autoría del Rey Vallenato Calixto Ochoa Campo. Se trata de ‘Lirio rojo’.

Es la historia donde la protagonista fue Carmen Lucila Mestre Gómez, una encantadora rubia a la que Calixto conquistó con papelitos, detalles y cantos. Poco tiempo después, fue obligado a casarse con ella tras habérsela llevado a escondidas. La boda, se llevó a cabo en la Iglesia La Concepción de Valledupar.

Todo era felicidad en el recién conformado hogar, pero las largas giras musicales de Calixto, que en ocasiones demoraban meses, se convirtieron en el principio del fin de aquella unión. Al enterarse de que su hija permanecía sola por mucho tiempo en la casa, ubicada en Aguas Blancas, corregimiento de Valledupar, Francisco Mestre Pumarejo y Ofelia Gómez Solano, optaron por ir a buscarla y llevarla a la casa paterna.

Calixto, al regresar, no la encontró y pensó que lo había dejado. Con el dolor de amor a cuestas comenzó a componer la canción en la que desplegó su desconsuelo y se acordó de aquel momento en que ante el altar se juraron vivir siempre juntos.

 

Yo tenía mi lirio rojo bien adornao

con una rosita blanca muy aparente,

pero se metió el verano y lo ha marchitao

por eso vivo llorando mi mala suerte.

Se marchitó mi lirio rojo y fue por culpa del verano

por eso estoy desconsolado al ver que me dejó tan solo.

 


 

La historia no fue color de rosas, sino que tuvo un desenlace inesperado para ambos, porque en la plataforma del destino se escribió otra nota. Una nota triste rodeada de lágrimas y soledades.

 

La gran lección

 

La cadena de mensajes para colgar un trapo rojo en las fachadas de las casas, de la que después se supo que no pasó solamente en la Capital Mundial del Vallenato, sino en casi toda la Costa Caribe, deja una gran lección: verificar las noticias que en las redes sociales se multiplican a cada segundo en todos los rincones de la tierra.

Lo cierto es que si no se quedan en la casa en esta cuarentena sucederá como decían nuestras abuelas: “No habrá trapo pa’ la paría”.

 

 

Por: Juan Rincón Vanegas