-Documento entregado por el Ministerio de Cultura donde se analizan diversos aspectos sobre el folclor vallenato y la necesidad de protegerlo en los distintos escenarios-

“No sé qué tiene el acordeón de comunicativo

que cuando lo oímos se nos arruga el sentimiento. . .

Yo, personalmente, le haría levantar una estatua

a ese fuelle nostálgico, amargamente humano,

que tiene tanto de animal triste. . .”

 Gabriel García Márquez

 

 “…Yo mismo, más en serio que en broma,

he dicho que ‘Cien años de soledad’

es un vallenato de 400 páginas…”

Gabriel García Márquez

 

“-Compadre Chendo: usted que sabe componer sus versos que a mí me gustan tanto, ¿qué está pasando con el vallenato que ya no se parece?-”. Este interrogante, expresado por un campesino cordobés al maestro Rosendo Romero Ospino, es una de las preocupaciones identificadas por la mayoría de las generaciones anteriores a la actual asentadas en la región Caribe colombiana.

 Se trata de una de las tantas evidencias que muestran el peligro de desaparición en que se encuentra una de las manifestaciones de mayor arraigo y representación de la identidad cultural: la música vallenata tradicional de Colombia, nacida del espíritu de los pobladores caribeños.

 La observación que hizo en su momento el periodista e investigador de la música vallenata, Ernesto McCausland Sojo, reafirma esta preocupación: “Aún por estos tiempos no muy consecuentes con ese propósito, el vallenato se hizo para contar historias y para reflexionar. Que se sepa, nadie ha inventado una causa mejor. Podrá haber todo un movimiento lacrimoso y estribillista, como el que ahora se impone, pero el género sigue siendo de genoma literario”.

 El compositor Rafael Escalona Martínez, de igual manera refrendó la misma preocupación. “Lo mío es una especie de crónica costumbrista llena de historias reales sobre nuestras costumbres, cosas y personajes, de contenido poético en el que camina muchas veces algo de retórica y de metáfora. El vallenato que actualmente se hace es diferente al paseo original, tanto en su música y poética, como en su gramática. Otras fusiones musicales que han aparecido con el nombre de vallenatos son sólo eso, fusiones. Me parecen inquietudes juveniles que aparecen y se van”.

 Todas estas consideraciones apuntan al convencimiento que expresa el Nobel Gabriel García Márquez, cuando se refiere a la riqueza artística y literaria de la canción vallenata: “En Aracataca, donde tenía la pasión de que me contaran cuentos, vi muy niño el primer acordeonero […] El hombre empezó a contar una historia y para mí fue una revelación cómo se podían contar historias cantadas, cómo se podía saber de otros mundos y de otra gente a través de una canción. Después descubrí la literatura y me di cuenta de que el procedimiento es el mismo”.

 En este contexto se evidencia la importancia de la música vallenata tradicional en el forjamiento de la identidad cultural del Caribe colombiano, una vasta región poblada de juglares, poetas, músicos, literatos, cantadores y contadores de historias. Esta música, sin embargo, ha sufrido un proceso de descontextualización y de arrinconamiento que la ha llevado a disminuir paulatinamente su espontaneidad, su aparición en los espacios familiares y comunitarios tradicionales y, sobretodo, su permanencia en la memoria de las nuevas generaciones de pobladores de la región. Igualmente, algunas de las funciones sociales que cumplía la música vallenata tradicional han perdido validez y posición en la vida cotidiana, debido en parte a la entrada de medios de comunicación masiva que han penetrado todos los rincones de la región, reemplazando a los periódicos cantados que solían llevar los juglares a los campesinos ansiosos de noticias de otros pueblos.

 Este documento no tiene como propósito que la música vallenata recupere todas sus funciones tradicionales, pero sí, y muy importante, de que se abran espacios para su valoración y apropiación en la memoria del Caribe, promoviendo su aparición en distintos espacios de expresión musical, y que recupere un espacio en la vida cotidiana de las generaciones actuales y futuras para su uso y disfrute.

 La música vallenata tradicional es un género musical cantado, nacido de la conjugación de tres expresiones culturales diversas: los cantos de vaquería y los cantos responsoriales de los campesinos y esclavos negros durante el período colonial, las músicas de gaitas y maracas, las expresiones dancísticas de los indígenas nativos de la costa Caribe colombiana, y el aporte del lenguaje textual y los instrumentos musicales europeos, entre los que se destaca el acordeón diatónico.

 Este último instrumento es el líder de la identidad musical vallenata, y es acompañado rítmicamente por la guacharaca, de origen indígena, y por la caja, un tambor de origen africano, para dar paso a la creación de cuatro aires rítmicos: el paseo, el merengue, la puya y el son.

 En sus inicios -a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX- el Vallenato fue esparcimiento para vaqueros y jornaleros del campo. Con el tiempo, estos cantos se convirtieron en el medio de comunicación fundamental para divulgar noticias, anécdotas y acontecimientos que ocurrían en lugares lejanos y que eran transmitidos de boca en boca y cantados de pueblo en pueblo, permitiendo a las comunidades, el conocimiento y reconocimiento de sus lugares, sus personajes y sus valores. Desde entonces el Vallenato contó lo que la historia oficial no hacía o comentaba apenas tangencialmente, además de su labor comunicadora, una labor crítica con la historia y el acontecer cotidiano. Con el paso del tiempo, el Vallenato penetró los altos estratos de la sociedad, que inicialmente lo menospreciaba, y se consolidó como un elemento integrador.

 La singularidad de la música vallenata tradicional está dada, principalmente, por su contenido literario de estilo narrativo, por medio del cual se expresan las vivencias cotidianas, los registros históricos y los sentimientos de un pueblo.

 Esto hace posible disfrutar de relatos llenos de realismo e imaginación, los cuales provocaron que el escritor Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura en 1982, expresara que “esta música y mis novelas son tejidas con la misma hebra”.

 Su admiración por la capacidad de síntesis de los compositores vallenatos lo llevó también a expresarse así sobre Rafael Escalona Martínez, el más grande de los narradores-trovadores de la historia de nuestro canto popular: “ese pendejo recoge en cuatro versos lo que yo cuento en un libro”.

 El creciente cancionero y el encanto por la ejecución del acordeón se esparcieron por todas partes, convirtiéndose en elementos indisolubles dentro del imaginario popular, indispensables a la hora de expresar cualquier tipo de sentimiento individual o colectivo.

 Esta función de poner en valor y preservar la tradición oral hizo que la música vallenata tradicional se convirtiera en el referente por excelencia de la historia de la región, representando una fuente de recordación de costumbres, lugares y personajes.

 Estos cantos van trazando la vida y la memoria de los pueblos y caminos. Inician por arrullos desde la cuna, luego en rondas y juegos, posteriormente en cantos de imitación a adultos o parodias y parafraseos con los que juegan niños y adolescentes, de modo que cuando llegan a la edad adulta ya han sido formados en la escuela de la cotidianidad de sus comunidades. El Vallenato ha adquirido, así, la función de estimular la capacidad creativa de la comunidad, pues hoy se convierte en el elemento motivador de respeto, de reconocimiento y de autoreconocimiento más importante.

 

Por: Ministerio de Cultura