En la casa de Alto Pino se oyó por primera vez el leve llanto de un niño que acababa de nacer : Era Leandro Díaz

 Por: Ramiro Elías Álvarez Mercado

 Un lunes 20 de febrero del año 1928, en una alegre mañana de un ambiente festivo por los carnavales que se llevaban a cabo en  esa región del Caribe colombiano llegó a este mundo, un niño invidente en el hogar conformado por Abel Rafael Duarte y María Ignacia "Nacha" Díaz, al cual se le bautizó con el nombre de Leandro José Díaz Duarte llevando por delante el apellido de su madre, nació exactamente en una finca llamada Alto Pino ubicada en el municipio de Barrancas en el centro del departamento de la exótica Guajira.

 

 Ninguna de las personas que le conocieron a temprana edad, le auguraban un buen futuro, dada su limitación visual. No obstante ello, el destino le tenía deparadas cosas muy grandes, que solo con el correr de los años, se habrían de enterar quienes desde pequeño lo conocieron  y fueron escépticos de que algún día obtuviera algún tipo de logro. Quizás no comprendieron que aquello de lo cual carecía (visión), le sería compensada de otra manera: una agudeza auditiva extraordinaria de tal manera que todo lo que ocurría en derredor era percibido por él, dando con ello vuelo a su imaginación.

 

 Como era de esperarse, sus primeros años de vida transcurrieron en el campo rodeado de la naturaleza, las fragancias de las flores y árboles, el canto de los pájaros, el correr de los riachuelos, el brincolear de las aves de corral, el mugir de las vacas, el olor a café matutino, el aroma de las frutas maduras. Toda esa constelación de múltiples y variados sonidos, fueron desarrollando en el pequeño Leandro, una cosmovisión muy particular, un mundo mágico y surrealista, que soñaba con vivir y dar a conocer.

 

Ese mundo en que se sumergía diariamente, le fue dando motivos para que se pudiera inspirar, inspiraciones que más tarde se habrían de traducir en cantos muy originales, producto de sus vivencias y una sensibilidad extraordinaria que fue desarrollando, cada vez mayor.

 

Puede afirmarse, sin lugar a dudas, que Leandro  se convirtió en un cronista muy agudo de la realidad que lo circundaba, pues a todo el que lo  visitaba a su humilde morada le solía preguntar por múltiples cosas, sumado a los libros y novelas que le leía su tía Erotida quien fue parte fundamental en el desarrollo literario de este genio de la composición, motivo por el cual mantenía enterado de los sucesos ocurridos en su región. Y ni que hablar de las damas, que empezó a tratar con dulzura, encanto y admiración, ellas fueron de gran inspiración y musas de muchos de sus cantos, aunque siempre se dolió así mismo de sus penas, porque muchas veces se sintió muy solo y rechazado, tal como lo expresó en su célebre canción " A Mi No me Consuela Nadie "

 

 

Muy a pesar suyo, de no haber tenido una formación académica, fue todo un visionario de todos los problemas que padecía nuestra sociedad, motivo este que lo condujo a expresarse con cierta rebeldía, ante hechos que no consentía o no eran de su agrado. También se manifestó en otras áreas de la vida cotidiana fueran estos de carácter amoroso, social, político o económico.

 

Peleó con todo y contra todos, manteniendo un diálogo permanente con la vida, la muerte, el amor, el desamor, táctica a través de la cual lidió con sus versos certeros cargados de unas sublimes, mágicas y embrujadoras melodías y textos pletóricos de filosofía, poesía, pedagogía. Además de lo anterior, fue un auténtico Rey de la metáfora y otras figuras literarias, pues con una precisión asombrosa, creó expresiones idiomáticas no comunes que causaban admiración, como fue el caso de este clásico de la música vallenata titulada "La Diosa Coronada" a quien el premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez denominó como "el vallenato más lindo de Macondo" donde una de sus frases "En adelanto van estos lugares: ya tienen su Diosa Coronada" sirvió como epígrafe de una de sus obras literarias "El Amor en los Tiempos del Còlera".

 

 

La influencia de este maestro conocido como "El Homero del Vallenato" en la música de Francisco El Hombre, está entre el romanticismo clásico de una riqueza melódica exquisita, fuerza en la composición, combinada perfectamente con su precisión idiomática y un grafismo verdaderamente asombroso.

 

Tuvo un sentido práctico de la vida, vivió intensamente su mundo interior, mientras que otros esperaban la luz eléctrica o solar, él siempre se conformó con la iluminación espiritual y una luz interna con mucha fuerza que lo hizo salir y darle brillo a su mundo de tinieblas.

 Díaz Duarte tuvo la particularidad de convertir el sufrimiento en un crisol, con el cual templó su condición poética y el talento que el Supremo Creador le concedió.

 

Muchas de sus canciones nacieron en esos momentos en los que el deseo se desbordaba y el amor parecía ser lo único que contaba. Por esa razón su música constituye un retrato o el vivo reflejo de sus experiencias personales y del deseo de amar, donde no había espacio para la ficción, más bien eran como  un desahogo de su interior que se convertían en explosiones del alma.

 

Hablar de este gran maestro, es hacer referencia a un hombre con una inteligencia increíble, la cual era muy común sentirla al escuchar sus frases muy originales, esencia de unos verdaderos pensamientos filosóficos, tales como los siguientes:

 

 Mientras más lento se piensa, más rápido se triunfa

 Si las mujeres no existieran el corazón de los hombres no tuviera oficio

 Yo no soy compositor, soy un pensador que le pone melodías a los pensamientos

 A las mujeres siempre las he exaltado, hasta cuando me pagan mal

 Dios no me puso ojos en la cara, porque se demoró poniéndomelos en el alma

 

Rodeado del amor de su familia y miles de amigos, hombres y mujeres que admiraron su legado poético-musical, se marchó de este mundo terrenal el sábado 22 de junio de 2013 en la ciudad de Valledupar. Partió dejando un historia musical invaluable que hace parte de la Banda Sonora de todos los amantes de esta expresión musical, cultural y folclórica, que es la música vallenata, como olvidar a alguien que vino a este mundo a brindar alegría con sus canciones . Se fue el hombre, pero le abrió paso a la leyenda

 

 

 Por: Ramiro Elías Álvarez Mercado