Por Luis Eduardo Acosta Medina

“Era un músico completo/
todos lo ponían de ejemplo/
porque sabían de su don/”

El aparte preliminar corresponde a la canción titulada ‘El difunto trovador’, una elegía a Héctor Zuleta, de la autoría de Juan Segundo Lagos, que Poncho y Emiliano incluyeron en el LP ‘El Zuletazo’, en el año 1992.

Siempre durante los Festivales y en Foros Académicos sobre la Música Vallenata se escucha cuando la gente se refiere a los denominados ‘Músicos completos’, para identificar a aquellos que están en vía de extinción, que tocaban el acordeón, componían y cantaban sus canciones.

Para hacerlo, la verdad se requieren unas habilidades especiales, porque no es fácil mamar y silbar al mismo tiempo. La sola ejecución del arrugado instrumento amerita una concentración mentalmente imperturbable, porque cuando se pisa una nota, debe estar claro cuál es la siguiente, y cuando se hace escuchar un arpegio, el que sigue debe estar listo para dar continuación a la melodía.

Eso no es fácil cuando el mismo que toca canta. Se requiere para lograrlo, un cuidadoso ejercicio para que una de las dos cosas, no se escuche mal.

Hechas las anteriores precisiones, me referiré a los digitadores completos del acordeón, que son para mi aquellos que marcan con el bajo, el ritmo que interpretan, que con el bajo nos hacen sentir si estamos ante un paseo, un merengue, o un son, porque sabemos que la puya es inconfundible.

Tienen los bajos del acordeón, una importancia trascendental para una buena presentación, porque además, llena los vacíos, hace que se sientan llenos los espacios melódicos y le regala la fresa al postre, de lo que se interpreta.

Luis Enrique Martínez 

La importancia del bajo ha sido mayúscula, a partir de Luis Enrique Martínez, quien los dominaba perfectamente y hasta donde he sabido, fue el inventor de los adornos interpretativos, permitiendo el mayor lucimiento dando respuesta con los bajos de su mano izquierda, a lo que se decía con los pitos con la mano derecha y viceversa, en un juego melódico que hace más agradable al oído, lo que se está tocando.

Es una lástima que la trivialización de los nuevos tiempos, hayan propiciado que se hagan invisible, se hayan minimizado, o casi desaparecido los bajos en las grabaciones, privando al público de ese aditamento tan importante que, en el inmediato pasado permitió que algunos presentes y otros que ya no están, dieran buena cuenta de la competencia con sus solos de bajo, que han quedado en la memoria popular, entre ellos los de Miguel López ‘El Bigote que toca, el alumno más aplicado de Luis Enrique.

Prueba de ello la encontramos en las nueve producciones musicales que grabó con el canto de Jorge Oñate, Lo ultimo en Vallenatos, Diosa Divina, El Jardincito, Reyes Vallenatos, Las Bodas de Plata, el Cantor de Fonseca, Fuera de Concurso, Rosa Jardinera y Canto a mi Tierra. En más de la mitad de las canciones que vinieron en esos L, hay un solo de bajos.

 

Otros también han tenido similar lucimiento como Alejandro y Nafer Duran, Andrés Landero, ‘El Rey De Los Bajos’, Poncho López, Alfredo Gutiérrez, El Debe López, Emilianito Zuleta, Colacho Mendoza, Ismael Rudas y Calixto Ochoa, quien por cierto acudiendo a un truco en la canción ‘La Comadre’ sustituyó los pitos por los bajos, y así la grabo completica.

 

De las generaciones menos pretéritas, están Héctor Zuleta, ‘El Cocha’ Molina, ‘El Pollo Isra’ y ‘El Pangue’ Maestre.

No sabemos, si es que las disqueras, o en los Estudios de Grabación, se ha impartido la orden de silenciar los bajos, o es que los nuevos acordeoneros están tocando con una sola mano, pero ya no se escuchan en los discos, muchos menos se pueden disfrutar las figuras armónicas que se hacían con solos de bajo.

Es puro ‘firifiri’, ‘pla pla pla’ y saludos comerciales, y que no me vengan ahora con el cuentecito que se han inventado, que quienes estamos pidiendo que se grabe vallenato de verdad, es porque queremos que las nuevas generaciones toquen, canten o compongan como lo hacía Juancho Polo, Calixto y compañía.

Con esa vaina, no me van a silenciar a mi. ¡Solo deseo que toquen con las dos manos! La izquierda, no solo es para sacar el aire del fuelle. Allí están los botones de los bajos, que son complemento inseparable de los pitos.

 

Por Luis Eduardo Acosta Medina