Músicos vallenatos de escuela

Por: Jorge Naín Ruiz Ditta

Para nadie es un secreto que nuestros músicos vallenatos nacieron de aprendizajes autodidactas o autónomos, en los cuales se dice que en el caso del acordeón este instrumento llegó por diversos puertos mercantiles del Caribe colombiano y se regó como pólvora, causándoles curiosidad a los campesinos, especialmente a los afrocolombianos de finales del siglo XIX.

Para nadie es un secreto que nuestros músicos vallenatos nacieron de aprendizajes autodidactas o autónomos, en los cuales se dice que en el caso del acordeón este instrumento llegó por diversos puertos mercantiles del Caribe colombiano y se regó como pólvora, causándole curiosidad a los campesinos, especialmente a los afrocolombianos de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, quienes trabajaban en labores de pastoreo del ganado en grandes hatos del Magdalena y el Bolívar grande.

¿Cuáles son las causas y el propósito para que nuestra música vallenata se lleve a las aulas, para que nazcan los docentes y los dicentes, no solo del acordeón, sino también del canto vallenato, de la caja, la guacharaca, e incluso de los demás instrumentos que han ido incorporándose a la trilogía primigenia?

Yo me aventuro en la tesis de que muchos acordeoneros, más aventajados y curiosos que otros, no se conformaron con esa primera apreciación sobre el acordeón, en el sentido de que fuese un instrumento limitado musical y armónicamente, donde esa exploración o búsqueda de tonalidades y armonías los llevó a alejarse de quienes se quedaron anclados en dicha posición, mientras por otra parte existía la incredulidad, la apatía e incluso la descalificación sobre los estudiosos. A mi juicio, eso condujo a que estos últimos le dieran origen a las escuelas o academias de vallenato en Colombia. 

Muy pocos de esos acordeoneros se atrevieron a autocalificarse y prepararse para ser docentes, otra buena parte tenía las calidades, pero tal vez no la vocación de enseñar, no los voy a enlistar, ni a enumerar, pero el incomprendido Andrés ‘El Turco’ Gil es el líder de los primeros.

En mi humilde opinión hay dos razones más para que nacieran las escuelas o academias de vallenato; la primera, como una necesidad de preservar ciertos cánones en la interpretación y defensa de unos aires que se institucionalizaron en este género (paseo, merengue, puya y son) y que siempre han estado amenazados por quienes consideran una arbitrariedad circunscribir el género vallenato a esas cuatro modalidades. La segunda, un reto casi personal de los músicos aventajados por demostrar que tocar acordeón se puede aprender, y que no necesariamente viene en los genes.

Sin duda, quienes se atrevieron a romper el paradigma de que el acordeón es mejor interpretado por los empíricos que por los académicos, van ganando la batalla. Hoy son decenas y cientos de músicos egresados de esas escuelas que se enfrentan en festivales y concursos a los autodidactas, y muchas veces los derrotan.

La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata se apuntó con las escuelas, siguiendo el camino ‘socolado’ por ‘El Turco’ Gil, y cada año gradúa en promedio 180 músicos en su escuela ‘Rafael Escalona’. En las principales ciudades capitales del país existen escuelas o academias de música vallenata, y eso para mí es enriquecedor, pero respeto a quienes aún siguen creyendo que suenan mejor los que aprenden por puro oído y de manera autónoma.

 

Por: Jorge Naín Ruiz Ditta